
Nunca imaginé cruzar la línea. Esa delgada línea que nos unía y a la vez nos separaba y mantenía a cada uno en su lugar, en su refugio.
Las palabras fluyeron desde el primer momento. Conexión extraña entre dos noctámbulos que no esperan nada el uno del otro, únicamente intercambios dialécticos (se que por tu parte nunca fue así, eres tanteador nato).
Tus palabras eran certeras, pusiste el listón muy alto, amigo.
Supiste ganarme con tu verborrea, con tus “me gusta tu manera de ser y/o estar” y similares. Y es que, querido, ya sabemos que esto funciona por instinto, y tu instinto, una vez más, no falló.
Siempre tuvimos facilidad para comunicarnos. Siempre tuviste facilidad para llevarme a tu terreno, y es que sabías más que yo, la diferencia de edad era palpable. Poco a poco me conociste, y quisiste jugar. Y acepté el reto, acepté las normas, los desafíos siempre me han gustado. Sabía que no era la única, tu poder de atracción te hacía infalible, pero me daba igual. Había entrado en el juego, en la espiral de sensaciones, de encuentros y desencuentros. Me descolocabas, me atraías, me enfurecías, en pocas palabras, me excitabas.
Mis movimientos te descolocaban, soy buena jugando al despiste, creando mis propias reglas. Te excitaba mi aparente desapego, y es que rehuías de toda implicación emocional. Yo también, pero a veces lo dudabas. Siempre me ha gustado ir más allá de lo aparente, ahondar en las profundidades, y eso a ti no te encajaba.
Quisiste conocerme, me tentaste una y otra vez, hasta que lo conseguiste, y pusimos rostro a aquello que se escondía tras nuestras intensas e infinitas conversaciones. Y fue misteriosamente agradable hablar contigo esas horas, cara a cara, sin el enmascaramiento de procesadores y routers.
Descubrimos dos seres normales en su anormalidad, y puede que ello nos trastocase hasta el punto de hacer remitir nuestras partidas nocturnas. Puede que olfatease el peligro, o intuyese que el juego no llevaba a ninguna parte, o no, puede que los certeros movimientos de otros jugadores en el tablero nos dispersasen, puede que la inercia de nuestros confrontaciones dejase de ser la adecuada…
Hasta que una noche aposté el todo por el todo. Decidí retomar nuestro obsceno juego donde lo dejamos e ir a por todas. Nunca me gustó perder, y eso te puso más que ninguna otra cosa.
Me intuías intensa, y lo soy. Querías caña, y te la di.
Y como en el ajedrez, jugamos a ser adversarios moviendo alternativamente peones, alfiles y torres. Pero el juego quedó en tablas. Ahora quedamos a la espera de un nuevo enfrentamiento, pero ten cuidado, puedo darte Jaque Mate…
Te atreverás a continuar la partida?










8 Esencias:
uhhhh!! ... DORA!!!..
Sabes?...leerte fue como oirme!!!!
tengo un Rey Blanco...con quien tengo tablas...
y como digna Reina negra...se que puedo darle jaque!!!...
brisssitas desde el sur!!!!
Hola Tormenta!!!
Pienso que todas las relaciones, o no-relaciones, tienen un punto de juego misterioso y adictivo en el que ambos participantes apuestan duro. La cuestión es saber cuánto se puede apostar, y si el premio resultará beneficioso o satisfará las expectativas...
De todas formas, mientras no nos convirtamos en ludópatas, vamos bien, jajaja
Besos, Reina Negra, de una Reina Blanca!!!
Dora
Tormenta, Dora, joder, leyéndoos me siento como un jodido peón de esos que se sacrifican por el bien supremo: ganar la partida.
Nada más triste que reducirse a un daño colateral, o tener la impresión de que el adversario, que a la vez siempre será nuestro mejor aliado, cuenta con secretas artimañas aprendidas en manuales... de ajedrez.
Por cierto, me gusta el ajedrez. No soy de los que se enrocan. Me gusta el juego duro, a campo abierto, al estilo de las saludables batallas cuerpo a cuerpo, muchísimo antes de la guerra fría la doctrina de la mutua destrucción asegurada.
Y eso, Dora y Tormenta, que el llegar a tablas puede tener varios significados. Puede ser que ambos sean excelentes jugadores. Puede ser que uno de los dos haya jugado a la defensiva matando las posibilidades del juego. Pueden ser los dos redomados cobardes.
Pero lo importante, por supuesto, es jugar, seguir jugando cueste lo que cueste.
Jugar y jugar sin medir consecuencias. No lo veo así.
Recientemente he tenido la evidencia de que los actos personales influyen en la felicidad contraria. Es importante el bien personal, pero si realmente nos importan los contrincantes, no se puede arrasar el tablero.
El ajedrez tiene reglas.
Sabias palabras, querida Pan.
A veces en el juego se dan demasiados daños colaterales. A veces nos saltamos las reglas más valiosas que aprendimos. A veces no medimos las consecuencias para ganar a toda costa. Espero que no me arrasen, porque mi V. también es de Vendetta.
Baci grande, bambina. Ti voglio bene.
South, siento que te sientas como un jodido peón. A mí a veces me ocurre, y es una sensación muy jodida. Por cierto, lo de seguir jugando cueste lo que cueste puede que joda más que una jodida partida en tablas.
Jodidos besossss.
os jodeis
no digo más :p
Gracias, majha!!
Jaja, qué enriquecedora conversación sobre el joder jodiendo con la jodida jodienda. Me gusta. No me jode en absoluto. Sí que es posible que ciertas partidas acaben jodiendo más en futuros desenlaces que en amedrentadas tablas. Todo es posible, salvo lo que no lo es. Claro que, a quién joder le importa!
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